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¡No te aferres a la sanidad de los demás, aférrate a sanar tu corazón primero!

La sanidad del corazón es esencial para una vida fructífera y duradera. La Biblia nos enseña que nuestra alma (y en algunos versículos el corazón) es el centro de las emociones, los pensamientos y las decisiones. Si entendemos esta verdad con precisión, creeremos que la sanidad del corazón es vital para experimentar la plenitud y la paz que solo Dios ofrece, pues nuestras emociones, pensamientos y decisiones estarán alineadas a Dios y en Dios. Es por eso por lo que en ocasiones le pedimos a Dios que cambie nuestro corazón, pero ¿en verdad le estamos permitiendo que trabaje en él? Consideremos la siguiente aseveración: Es importante reconocer que todos necesitamos sanidad en algún momento de nuestras vidas.


La Biblia nos recuerda en el libro de Jeremías 17:9 que ""el corazón es engañoso más que todas las cosas”. Esto significa que nuestros corazones pueden estar heridos, dañados o enfermos debido a nuestras propias acciones, experiencias dolorosas o influencias externas y que estemos culpando a los demás. Por eso nos enfocamos más en las heridas del vecino que en las nuestras. ¡Dirás, que egoísta! ¡No vela por su hermano! Pero ¿Cómo puedo ver la paja de mi hermano si tengo una viga en mi ojo? ¿Cómo puede aferrarme a que el corazón de mi hermano sane cuando el mío esta sangrando? ¡No debemos ser hipócritas!


Luchamos con una esencia pecaminosa todos los días, y es por eso por lo que debemos priorizar a diario nuestra sanidad interior. Como en ocasiones nos encontramos mirando hacia afuera en busca de validación, aceptación o sanidad, ¡nos desenfocamos del verdadero objetivo! ¿Cuál es? …Mirarnos en el espejo de la Palabra para vivir la vida en el propósito diseñado por Dios desde la eternidad… con un corazón sano!


Podemos buscar la aprobación de los demás, comparar nuestras vidas con las suyas o esperar que nos curen nuestras heridas emocionales. Pero la verdad es que la verdadera sanidad comienza de adentro hacia afuera, en nuestro propio corazón, cuando está alienada con nuestro Padre Celestial.


Ahora bien, ¿Qué piensas hacer con tu corazón herido?


Lindo día,

Dra. Dórily






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